Luces en la tormenta

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La política económica puede hacer muchas cosas, pero es impotente en la modificación del contexto internacional. Salvo algunos rubros en que Argentina es protagonista en el mercado global, como soja, maíz, girasol, maní, limón, carne vacuna, por citar algunos casos en el que el peso de las exportaciones influye parcialmente en los precios que se toman. De todas maneras, hay ciertos rasgos generales del mercado que combinan variables cuantitativas con cambios radicales a causa de movimientos en el ajedrez geopolítico.

Tendencias. Según datos de la UNCTAD (oficina de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo) el comercio internacional (de bienes y servicios) entre todos los países del planeta llegó en 2025 al récord histórico de US$35 billones, con un crecimiento de 7% interanual (+US$2,2 billones). Además, señala que los principales impulsores de ese comportamiento fueron Asia Oriental (+9%), África y el comercio Sur-Sur. En particular, agrega que la industria manufacturera, especialmente la electrónica (vinculada con la revolución tecnológica en marcha), sigue siendo el principal motor del crecimiento, mientras que los sectores de la energía y el automotor se quedaron rezagados.

En cuanto a las características globales, las citadas novedades y conflictos del poder mundial, provocaron situaciones concretas como las medidas restrictivas y los super-aranceles, que impulsó la administración de Donald Trump como instrumentos prioritarios en la negociación internacional; las medidas regulatorias basadas en criterios ambientales en la Unión Europea, las tensiones comerciales geopolíticas -que tuvieron a Estados Unidos y China como mayor epicentro, con problemas logísticos en el Mar Negro por la guerra o las sanciones contra Rusia, las agresiones a buques en el Canal de Suez proporcionadas desde Yemen, por citar algunas. La directora ejecutiva de Eco Go, Marina Dal Poggetto, sintetiza a 2025 como el año de la consolidación de un cambio de régimen a nivel global. “La inflación continuó desacelerándose en las principales economías, pero de forma lenta e incompleta, con mayor rigidez en los componentes núcleo, lo que llevó a los bancos centrales a pausar el ciclo de subas y avanzar (con cautela) hacia recortes graduales”, agrega. Sin embargo, apunta que el crecimiento mundial evitó una recesión, pero mostró una marcada asimetría: “Estados Unidos volvió a destacarse por su resiliencia, Europa permaneció virtualmente estancada y China creció por debajo de sus estándares históricos”, concluye.

Impacto. Para el analista Marcelo Elizondo, director de la consultora DNI, el pronóstico de los especialistas y de las organizaciones internacionales y multilaterales es que la globalización se retraerá durante este año y dará lugar a una creciente vigencia de los acuerdos de libre comercio, que a fin de 2025 llegaron a la impresionante cifra de 380 ya celebrados, cuando en 2015 eran 273 cerrados.

La previsión es que Argentina habrá representado, una vez más, el 0,3% del total mundial pero este escenario, aún con su cuota creciente de incertidumbre, supone vientos más favorables para el comercio argentino, sobre todo por la fortaleza de la demanda). Elizondo señala que el caso argentino es llamativo porque además de ser una de las economías más cerradas del continente, también tiene pocos acuerdos firmados, 10 en total, la mayoría de alcance sólo parcial. México, por ejemplo, tiene 14 que involucran a 50 países; Perú cuenta con 22 incluyendo un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Singapur a través de la Alianza del Pacífico, además de otros protocolos. Por su parte, Colombia mantiene 18 acuerdos, incluyendo con los Estados Unidos, la Unión Europea y Corea del Sur. Puede estimarse que las exportaciones de bienes argentinas habrán llegado en 2025 a US$86.500 millones, lo que sumados a las previsibles exportaciones de servicios de 2025 (unos US$17.500 millones), sumaría US$104.000 millones en total. La Argentina supo tener una participación mucho mejor en tiempos pasados que el 0,3% de los últimos años (2,7% al final de la Segunda Guerra Mundial), pero el comercio podría crecer porque aumenta en todo el mundo, pero a la vez aprovechar la tendencia y hacer las reformas internas que permitan crecer aún más para recuperar posiciones porcentuales mayores en el total global. “Si Argentina recuperara su participación de (al menos) 0,5% del total mundial (alcanzada, por caso, en el año 2000 o en 2005 o -antes- de 1970) estaría exportando hoy US$175.000 millones ente bienes y servicios, 70% más que lo que logró este año de casi récord nominal histórico”, anticipa.

Proyección local. Jorge Vasconcelos, economista jefe del IERAL, destaca que ya en noviembre pasado, los precios de los productos de exportación argentinos cayeron un 3,0 % interanual, y los de importación subieron 0,4 %, lo que implicaría una pérdida de poder adquisitivo de las exportaciones del orden de los US$290 millones mensuales y un equivalente al 0,5 % del PBI. Este deterioro podría profundizarse en el arranque de 2026 y eventualmente afectar decisiones de inversión. “El impacto del 3 de enero está abriendo una brecha en la cotización de las compañías locales ligadas a la industria hidrocarburífera, una diferencia de 10 puntos porcentuales, por el momento”, advierte. Como primeros síntomas marca la estabilidad para la acción de Tenaris, (hipotética proveedora en una eventual reconstrucción de la infraestructura venezolana); y caídas para compañías, como YPF o Vista, que podrían verse afectadas por una mayor competencia en un resurgimiento de la potencia petrolera dormida, que es Venezuela, principal acumulador de reservas comprobadas, superando a Arabia Saudita y los Estados Unidos.

Según datos del INDEC (falta procesar diciembre), entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025 los precios de las exportaciones argentinas en promedio cayeron 3% (los de los productos primarios -2,6%, los de las manufacturas de origen agropecuario -1,6%, los del combustible y energía cayeron -8,7% y los de las manufacturas de origen agropecuario cayeron -0,3%). Elizondo señala que, pese a esa caída de precios y gracias al incremento de exportaciones (+28% en volumen), se logró que las exportaciones, en valor, hayan crecido 24, siempre midiendo el último mes registrado contra igual mes de 2024. En ese sentido, las proyecciones para 2026 serían optimistas si hubiera un patrón climático “normal”. Si bien el récord de precios obtenido en 2022, al salir de la pandemia y al comenzar la guerra en Ucrania que disparó el precio de los commodities es difícil de igualar en el corto plazo, el desafío de la economía argentina está en expandir su frontera de producción (como en el caso de la minería -de lenta maduración- y el complejo hicrocarburífero -también dependiente de una inyección creciente de capital-) para lo que precisa con urgencia aumentar la competitividad global de la economía pero en particular de los sectores exportadores. No es una novedad, pero adquiere carácter de urgente en una carrera contra el tiempo para poder enfrentar una demanda permanente de dólares que no es sostenible abastecer desde el endeudamiento o el ajuste fiscal a cualquier precio.

por Tristán Rodríguez Loredo

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