Por el derrumbe educativo, el Gobierno pone en marcha un nuevo sistema para validar la formación docente

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Cada vez que aparecen nuevos datos sobre la crisis educativa argentina, la mirada se posa sobre ellos: los profesorados o Institutos de Formación Docente (IFD), encargados de preparar a los maestros que llegan a las aulas.

¿Qué está pasando allí? ¿Qué ocurre dentro de ese sistema que muchos describen como un “agujero negro” -con escasa información pública- y que, según distintos diagnósticos, no logra formar a docentes capaces de revertir el deterioro de los aprendizajes?

El panorama es complejo. Con más de 1.300 profesorados -unos 34 por cada millón de habitantes-, la Argentina está entre los países con más IFD por persona. Más del 60% son estatales y dependen de las provincias, que pagan los salarios.

Pero las críticas no apuntan solo a la cantidad, sino también a la calidad. Hay pocos profesorados en áreas prioritarias -como ciencias duras o idiomas- y muchos especialistas advierten debilidades en la formación.

A eso se suma la falta de planificación, en un sistema extendido por todo el país, donde la apertura de carreras muchas veces responde más a decisiones políticas locales que a una planificación educativa.

Frente a este panorama, el Gobierno de Milei puso en marcha un nuevo sistema de acreditación de los profesorados. El objetivo es evaluarlos periódicamente y establecer estándares más exigentes para darles validez nacional a las carreras que ofrecen y, si no pasan el test, cerrarlos.

Después de una prueba piloto realizada a fines del año pasado, según pudo saber Clarín el proceso arrancará este año con la evaluación de 300 profesorados: 150 con acreditación completa y otros 150 en etapa de autoevaluación.

Tras años de debate, el mecanismo finalmente surgió por consenso entre todas las provincias en el Consejo Federal de Educación (ámbito que reúne a los ministros de Educación del país), a pesar de la oposición de algunos gremios docentes.

Con consecuencias concretas

El nuevo mecanismo de acreditación de los profesorados funciona de forma similar al sistema de evaluación universitaria que realiza la CONEAU. Pero en lugar de acreditar carreras, como ocurre en el sistema universitario, el nuevo esquema revisará el funcionamiento integral de cada profesorado.

El proceso incluye autoevaluación institucional, evaluación externa y recomendaciones de mejora. Y a mediano plazo, el resultado tendrá consecuencias concretas: una vez completado el circuito de acreditación, aquellos que no estén acreditados no podrán obtener la validez nacional para sus carreras.

El sistema surge de una resolución aprobada por el CFE en 2024 y que establece que los profesorados deberán pasar por el proceso de acreditación cada 6 años y que para el año 2030 todos deberán haber atravesado al menos un ciclo de evaluación.

Ese ciclo involucra dos instancias: la autoevaluación institucional y la evaluación externa a cargo de una Unidad Federal de Evaluación, coordinada por el INFoD, el órgano que regula la formación docente en el país.

A partir del informe que elaboren las unidades federales, el INFoD definirá la acreditación “total” (por 6 años) o “parcial” (por 3 años) de cada instituto. Si es parcial, el profesorado recibirá las recomendaciones tendientes a revertir las falencias encontradas. La acreditación parcial no impide la matriculación de nuevos estudiantes.

Objetivos educativo y económico

Uno de los objetivos que persigue el Gobierno de Milei, según afirman, es que todo esto sirva para que la oferta de carreras de los profesorados se ajuste a las necesidades del sistema escolar obligatorio.

Para eso, también impulsaron cambios en el diseño de las carreras de formación docente. En 2024 el CFE aprobó una resolución que actualiza los lineamientos curriculares de la formación docente inicial, algo que no se revisaba desde 2007.

Entre otras modificaciones, la reforma establece un límite máximo a la carga horaria de las carreras de los profesorados -muchas veces infladas para responder a necesidades laborales de los docentes más que a la formación de los estudiantes, dicen en el Gobierno- y habilita la posibilidad de incorporar componentes de educación a distancia en los profesorados.

Pero hay otro objetivo que es económico. En un contexto de fuerte ajuste en el sector educativo (cercano al 50% en el ámbito nacional, en los últimos dos años), desde el Gobierno buscan que las provincias -que administran los profesorados- también gasten menos.

“Esto es como las universidades. Estamos buscando que el gasto sea más inteligente, vinculado a resultados educativos”, le dicen fuentes oficiales a Clarín.

Cuando se le señala que las universidades las paga Nación y los profesorados las provincias, la respuesta es que “de todos modos es plata de los contribuyentes. Y también sale de la coparticipación federal, con lo cual también lo pagamos desde Nación”.

Formación continua

Junto con la acreditación y la reforma curricular, el plan oficial también incluye cambios en la formación continua de los docentes. Es decir, los docentes que están en ejercicio.

Allí el diagnóstico apunta al exceso de cursos, muchas veces desconectados de las necesidades reales de las escuelas, dicen desde el Gobierno.

Sostienen que durante años se impulsaron capacitaciones masivas que funcionaban como un “mercado de puntaje docente”, donde los docentes acumulaban certificados para mejorar su posición laboral sin que hubiera evidencia sobre el impacto de esas formaciones.

Cuando asumieron, aseguran, encontraron convenios millonarios con universidades y sindicatos para dictar cursos a través de la plataforma del INFoD. Uno de ellos, con seis universidades del Conurbano, implicaba unos 2.600 millones de pesos. Todos esos acuerdos fueron cancelados.

El nuevo enfoque busca que la formación continua se articule con las políticas educativas de cada provincia y no se diseñe desde la Nación de manera unilateral. En lugar de ofrecer cursos masivos, el organismo intenta actuar como apoyo técnico y financiero a los planes jurisdiccionales.

Un ejemplo son los llamados “ateneos didácticos”, espacios de capacitación que se realizan en las provincias y están vinculados a los planes de alfabetización. Los docentes participan en encuentros de formación vinculados con su práctica cotidiana y reciben una compensación económica por asistir.

Para este año, el programa cuenta con un presupuesto de unos 15.000 millones de pesos destinado a financiar capacitadores y pagar a los docentes que participan de estas instancias fuera de su horario de trabajo.

Otras iniciativas oficiales

Además del foco en la formación docente, el Gobierno nacional avanza con otras iniciativas educativas que buscan mejorar la calidad educativa, y a las que tuvo acceso Clarín.

  • Plan Nacional de Alfabetización. En marcha desde 2024, es, sin duda, el más relevante. Surgió, también, a partir de una resolución votada por todas las provincias en el CFE, y que obligó a que cada una de ellas presentaran su propio plan, que ya están ejecutando. Desde la Secretaría de Educación reconocen que los avances no son iguales en todo el país y afirman que todos los planes se están monitoreando anualmente.
  • Ahora, Matemática. Con la Alfabetización encaminada, el Gobierno ahora va por la Matemática. En los próximos meses lanzará un plan que seguirá una lógica similar al de Alfabetización -planes provinciales y apoyo y seguimiento nacional-, y con el que se buscará mejorar el desempeño estudiantil en esa área central del conocimiento.El plan será aprobado en la próxima reunión del CFE (o la siguiente) y pondrá especial foco en el segundo ciclo de la primaria, a partir de cuarto grado. Según explican en el área, es en ese tramo donde los contenidos matemáticos se vuelven más complejos y empiezan a aparecer mayores dificultades en los aprendizajes. El desafío en Matemática es mayor que el de lectura y escritura. Según explican, uno de los problemas de fondo está en la propia formación de los maestros de primaria, donde el dominio disciplinar de la Matemática suele ser más débil que en otras áreas.
  • Operativo Aprender ampliado. Otro énfasis está vinculado a la medición de resultados. El país sigue participando en las evaluaciones internacionales y a las pruebas Aprender se agregó un nuevo operativo, en el marco del Plan de Alfabetización, que mide los conocimientos de lectura de los alumnos de tercer grado. Arrancó en 2024 y es bianual, con lo cual la próxima edición es este año. La evaluación que se tomó en 2024 fue muestral, no censal. En la Secretaría explican que se hizo así porque hubo que reconstruir la herramienta después de años sin una evaluación en tercer grado. Ahora la intención oficial es ir un paso más allá. Según pudo saber Clarín, la propuesta que el Gobierno llevará al CFE es que la evaluación de tercer grado de este año sea censal e incorpore también Matemática. Y se evalúa si castigar con menos fondos a las provincias que tengan bajos niveles de respuestas. Neuquén, que desde hace años registra bajos niveles de participación en Aprender, está en la mira.
  • Más información. Uno de los avances que más destacan desde el Gobierno es el crecimiento de la Base Nacional Homologada, sistema que reúne información nominalizada de los estudiantes y permite seguir sus trayectorias escolares con mayor precisión. Afirman que en la educación común esa base pasó de cubrir el 86% de la matrícula en 2023 al 92% en 2024 y al 97% en 2025. Es decir, hoy el sistema ya tiene cargados de manera nominalizada a casi todos los alumnos de ese universo, aseguran. Hasta hace poco, esa información se actualizaba una vez por año; ahora, según explican, ya se realizan tres cortes anuales y la meta es avanzar hacia un sistema de actualización continua. Esa base empezó además a usarse como fuente principal para decisiones de política educativa y distribución de recursos, en reemplazo de esquemas anteriores menos precisos, bajo el criterio de “gasto inteligente”.
  • Una hora más. Otro programa que avanza es “Una hora más”. Heredado del kirchnerismo, es en una línea de inversión para que las escuelas estatales de jornada simple incorporen una quinta hora. La apuesta -dicen- es que esa inversión tenga una traducción concreta en los aprendizajes básicos (lectura y Matemática) y no quede reducida a una mera ampliación horaria sin objetivos claros. El Gobierno asegura haber completado casi por completo la cobertura federal del programa. Dicen que ya llega a todas las provincias, tras la reciente incorporación de San Luis. Y que esto permitió garantizar la jornada escolar ampliada a unos 2 millones de alumnos, aunque reconocen que todavía faltan 700.000.
  • Secundaria, IA y educación financiera. Desde la Secretaría de Educación dijeron que también están avanzando en la renovación de la secundaria. No es la primera vez que el Estado nacional se propone impulsar esta reforma. La última vez había sido durante el gobierno de Macri, con distintas resoluciones del CFE, en el marco del programa Secundaria 2030, que no tuvo mayores avances. Lo que sí es nuevo es la Inteligencia Artificial, y para eso la Secretaría armó el programa PAIDEIA, que busca llevar reflexión y capacitación sobre el tema a los docentes. Además, el 16 de abril arrancará un programa de Alfabetización Financiera, que surge de unificar iniciativas en este sentido que ya llevan adelante bancos, la Comisión Nacional de Valores y varias ONG. Se implementará en 414 escuelas, informaron desde el Gobierno.

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