Con el rechazo del mundo futbolero al título otorgado a Central sin fundamento reglamentario y la posterior exposición de irregularidades e investigaciones a los principales dirigentes de la AFA, sobre el fin del año pasado aparecieron algunos signos.
En las definiciones del Clausura y los ascensos que faltaban hubo arbitrajes imparciales y creíbles y Estudiantes pudo salir campeón sin interferencias extrañas.
En el arranque de este año se hizo una difusión bien anticipada de los días para las primeras fechas del año; ahí ya se escucharon obvias quejas de los clubes cuyos hinchas los verán muy poco de locales en domingos.
Y todo intento de emprolijar la imagen y aquietar aguas rueda escaleras abajo con esta insólita situación: a horas de empezar el torneo, no se sabe si los jugadores que arrastran sanciones podrán estar o no.
Desde 2022, cada año se decretan amnistías a todos los que adeuden menos de cuatro partidos. Pero esta vez, eso incluye las dos fechas que les dieron a los de Estudiantes por el célebre “espaldazo”, entre varios suspendidos de otros equipos. Hoy comienza el Apertura y recién ayer el Comité, que no se ponía de acuerdo, aprobó pedirle al Tribunal la amnistía.
Ese tribunal, entonces, decidirá hoy mismo, un rato antes de que juegue Huracán, que hasta ese momento no sabrá si puede poner a César Ibáñez. La AFA, al encajarle el fardo, recuerda que es un tribunal independiente. Algo que suena bastante ingenuo.
Aunque la amnistía ya era una costumbre, esta vez es motivo de una absurda demora y terminará siendo dictada, o no, por un tribunal cuya composición ni siquiera es clara luego de que una asociación civil denunció ante la Corte Suprema que había en él miembros activos del Poder Judicial, y que su participación en organismos de la AFA es incompatible con sus altas responsabilidades institucionales.
El famoso pasillo de espaldas de Estudiantes a Rosario Central.
Fernando Mitjans, presidente del Tribunal de Disciplina.
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