Morosidad récord en el pago de las tarjetas en Comodoro: cuánto tiene que ver la crisis petrolera?

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Los índices de morosidad en el pago de tarjetas de crédito y préstamos personales muestran una tendencia en alza en Comodoro Rivadavia, en sintonía con lo que ocurre a nivel nacional, pero con particularidades propias de una ciudad atravesada por la crisis del sector petrolero. 

Así lo confirmó Martín, gerente de un reconocido banco de la ciudad, quien advirtió sobre un cambio profundo en el comportamiento de los consumidores y un escenario que preocupa tanto a las familias como al sistema financiero.

“Hace ya un tiempo que venimos notando esta situación y realmente es preocupante. Hoy la gente no dispone de un excedente como para pagar el total de una tarjeta de crédito”, explicó el gerente en diálogo con ADNSUR. Según detalló, en muchos casos los clientes abonan solo una parte del resumen, generalmente el mínimo, lo que genera una acumulación de intereses que termina convirtiéndose en una “bola de nieve”.

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“Con lo que se paga apenas se cubren intereses y muy poco capital. Al mes siguiente se suman las nuevas cuotas y los intereses por el saldo impago, y prácticamente no se logra bajar la deuda. Hay personas que incluso tienen que recurrir a un préstamo para salir del endeudamiento de la tarjeta”, sostuvo.

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Despidos, caída de ingresos y un nivel de vida difícil de sostener

Martín vinculó directamente el crecimiento de la morosidad con la situación económica local y, en particular, con el impacto de la crisis petrolera. “En Comodoro esto se profundiza mucho más por la cantidad de despidos que hubo en el sector. Eso genera una baja de ingresos muy fuerte”, señaló.

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Según explicó, muchos ex trabajadores petroleros mantenían un nivel de consumo acorde a salarios altos que hoy ya no existen. “Esa baja de ingresos, sumada a un nivel de vida que se había sostenido durante años, hace que no puedan afrontar las deudas que tenían. Eso los lleva a incurrir en morosidad”, indicó.

Desde los bancos, aseguró, se intenta acompañar a los clientes con distintas alternativas. “Estamos tratando de acercarnos, ofrecer herramientas de financiación, extender plazos, bajar cuotas, para acomodar el compromiso mensual. Pero la realidad es que la situación se está agravando con el paso del tiempo”, reconoció.

Menos consumo y más cautela para endeudarse

El gerente bancario también describió un cambio marcado en el tipo de consumo. “Hoy no estamos viendo demanda de dinero para inyectar en consumo. Ya no se toman préstamos para viajes, para cambiar el vehículo o para hacer arreglos en la casa, como pasaba antes”, explicó. En ese sentido, remarcó que las familias priorizan gastos básicos y analizan mucho más cualquier decisión de endeudamiento. “Las tasas de interés siguen siendo caras, entonces antes de tomar una deuda se piensa mucho. Y en el caso de las personas que quedaron sin trabajo, directamente es imposible afrontar una cuota sin un ingreso fijo”, agregó.

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Si bien no brindó un porcentaje concreto de morosidad, Martín fue contundente al describir el escenario actual. “Ha crecido a niveles que antes no veíamos. Nos llama mucho la atención el tamaño de los saldos que estamos observando en tarjetas de crédito, montos muy importantes que antes no eran habituales”, afirmó.

Incluso mencionó casos con deudas extremadamente altas. “Hay situaciones donde, con los límites que tenían cuando estaban en actividad, hoy se encuentran con deudas impagables, de 20 o 30 millones de pesos”, alertó.

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Pagar el mínimo: una trampa cada vez más común

Martín explicó que pagar solo el mínimo del resumen no hace más que agravar el problema. “Cuando pagás el mínimo, inmediatamente empiezan a correr los intereses sobre el saldo impago, con tasas altísimas. Eso se ve claramente en el resumen, en la tasa de financiación que te cobra la tarjeta”, detalló.

Con el paso de los meses, la deuda crece no solo por los intereses, sino también por las cuotas ya financiadas que siguen ingresando. “Se termina armando una deuda realmente muy alta y difícil de revertir”, dijo.

Tarjetas para comer: el síntoma más alarmante

Uno de los datos más preocupantes que surge del análisis bancario es el destino del consumo con tarjeta. “Algo que antes no se veía tan seguido es la financiación de saldos por compras de comida”, señaló Martín.

“Si una familia tiene que financiar lo que come este mes, al mes siguiente vuelve a tener que comer y vuelve a financiar. Eso genera un ciclo imposible de sostener. No se puede financiar la comida todos los meses”, explicó, marcando un cambio drástico respecto de años anteriores, cuando la tarjeta se usaba mayormente para bienes durables o gastos excepcionales.

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Impacto en bancos y empresas

El aumento de la morosidad también tiene consecuencias para el sistema financiero. “Una cartera con altos niveles de morosidad no es una cartera sana para los bancos. Impacta negativamente en la rentabilidad y obliga a hacer previsiones”, explicó.

Si bien los intereses terminan generando ingresos en procesos de recupero, Martín aclaró que “no es el negocio que el banco busca”. “Un sistema sano es prestar plata y que se cumpla el repago pactado para poder seguir prestando. Cuando la morosidad crece, eso se rompe”, sostuvo.

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El fenómeno no afecta solo a personas físicas. “Las empresas también lo están sufriendo con estiramientos en la cadena de pagos. Plazos previstos a 60 días se estiran a 90 o más, y eso genera un ahogamiento financiero muy grande”, explicó.

En un contexto de baja actividad, menor producción y caída del consumo, el escenario plantea un desafío complejo tanto para las familias como para las empresas y los bancos de Comodoro Rivadavia, en una ciudad donde la crisis petrolera sigue marcando el pulso de la economía cotidiana.

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