El trabajo doméstico no remunerado sustenta a familias y hogares en todo el mundo. Pero, a nivel individual, el peso suele recaer en las mujeres. Ellas son las que tienen más probabilidades de utilizar recursos económicos para subcontratar este trabajo, aunque cuando esto tiene que ver con las tecnologías, no está tan claro que lo prefieran más que los hombres.
Por eso, varios investigadores han querido examinar qué actitud hacia los cuidadores robot existe en 28 países europeos, utilizando datos del Eurobarómetro de 2017 de adultos en edad laboral (con datos de cerca de 14.000 personas).
Eso les permitió investigar cómo influyen las características individuales (género, educación, ocupación) y los factores a nivel local (PIB, participación laboral femenina, porcentaje de mayores de 65 años en la población o el gasto en la vejez) respecto a la posibilidad de que los robots cuiden de sí mismas, presten servicios y compañía cuando una persona está enferma o es mayor.
«En nuestro estudio, investigamos tres cuestiones clave: ¿las mujeres se sienten más cómodas que los hombres al ser atendidas por robots en su vejez? ¿Aquellas personas con mayor presión sobre el tiempo y mayores costes de oportunidad son más partidarias de recibir cuidados mediante tecnología? Y, ¿los factores a nivel macro influyen en las actitudes individuales hacia la atención robótica?», explica la autora principal, Ekaterina Hertog, profesora asociada del Oxford Internet Institute y del Institute for Ethics in AI de la Universidad de Oxford.
El contexto y los factores personales
En el trabajo, publicado en la revista Community, Work and Family, los autores descubrieron que las personas difieren sustancialmente en el grado de comodidad que sienten al usar la tecnología para satisfacer sus necesidades de atención, y que el contexto local y los factores personales determinan las actitudes hacia el cuidado por robots.
Entre las principales conclusiones destacan que la gente no está muy entusiasmada con la idea de ser atendida por robots y que los hombres europeos son más abiertos que las mujeres a adoptar tecnologías robóticas para su propio cuidado cuando están enfermos o envejecen.
Además, parece que los hombres y mujeres que han recibido más formación son más partidarios del uso de robots para su propio cuidado. También las personas más jóvenes y aquellas con experiencia en el uso de robots en contextos laborales o domésticos están más abiertas a utilizarlos en el futuro.
Los investigadores concluyen que no todo depende de las características personales. Su análisis destaca que las actitudes de las personas están condicionadas no solo por las experiencias personales, como la capacidad de pagar y la falta de tiempo, sino también, y por el contexto local. Por ejemplo, por la asistencia social que disponen en sus países para los adultos mayores.
«Quienes viven en comunidades con mayores niveles de empleo femenino y menores niveles de gasto en asistencia a la tercera edad se sienten generalmente más cómodos con el uso de robots para el cuidado de las personas mayores. Por el contrario, descubrimos que cuando los gobiernos invierten más en estos cuidados, la gente suele informar de que se siente menos cómoda con la idea de depender de robots en sus hogares para brindar atención a los enfermos y mayores», asegura la profesora Leah Ruppanner, de la Universidad de Melbourne y coautora del estudio.
Mirar al futuro
Los investigadores resaltan que, de cara al futuro, los responsables de las políticas deben evaluar los costes de oportunidad de cualquier tecnología de atención a los adultos en comparación con la prestación de cuidados humanos. «Cuando se adopten estas tecnologías de atención digital, es fundamental que consideremos cómo se pueden integrar las tecnologías de atención a los adultos de una manera que preserve, e idealmente amplifique, la capacidad de los cuidadores humanos de mantener la conexión con las personas a las que cuidan», sostiene en el comunicado la profesora Hertog.
«Las tecnologías de atención cobrarán cada vez mayor importancia a medida que la población envejezca, aumente la participación de las mujeres en el mundo laboral y avance la tecnología. Las preguntas que debemos plantearnos son: ¿hasta qué punto se sienten cómodas las personas al permitir que las tecnologías impulsadas por la IA, como los robots, se encarguen de ellas? ¿Y qué podría estar determinando sus preferencias?»